Inmóvil

“Eso era lo que quería decirle pero él no la oía.
Acaso porque no le salían las palabras.”


Ayudame a cerrar los ojos.
A comer estrellas.

A buscar las emociones de tu ausencia.

Y decirte que es mentira
Decirte que no es cierto.
Yo soy una mentira, no te das cuenta.

Una muda frágil.
Un manual de letras.

Fabricante empírica de espejos.
Y vos, mi punto débil.
Mi indiferencia.

No me preguntés, que no tengo la respuesta.


Ayudame a calmar al tiempo.
A curar nostalgias. Ayudame a entender qué pasa.
A entender qué es esto.

Y vos te reís y yo te veo.

Y yo siempre te seguiré viendo.
En las sombras.
En los versos.

En los respiros que se pierden,
Inmóvil, yo te siento.

Ayudame a hablar de frente.
Sin intermedios.

Porque vos no tenés idea.

Lo que significa que estés.
Y que yo te diga hola.

Y que yo te escriba esto,
Sin que me importe darme cuenta, que se me están yendo las horas
A punta de recuerdos.

Comedia en tres actos

“Yo tampoco esperaba verte hoy,
y puede que ni el resto de mi vida,
pero aquí estoy”

La hora es lo de menos.
Me duele la cabeza, me duele tanto la cabeza.
Ya ni siquiera en los sueños, ni siquiera en las madrugadas.
Cinco de la mañana. Cuando se terminará este abril de porquería.
Este calor del demonio.
Me tenés harta. Ya no te soporto.
Si talvez fuéramos distintos. Si jamás nos hubiéramos conocido.

(Yo sólo necesito apagar la alarma, dormir hasta cansarme y llenarme de mentiras pero sobretodo apagar la alarma.)

La universidad, siempre la universidad. Las películas sin revelar. Los insultos. Las sirenas.
Señor, yo vivo aquí a la vuelta, como no me va a dejar pasar.
Como va a ser esto posible, usted no entiende que hago aquí tirada.
Usted nunca va a poder entender porque yo estoy aquí y usted allá.
Detrás de las rejas jugando a matar.

Y no nos queda de otra, vos querías ser psicóloga.
Vos querías salir de tu casa a las 14:49, sentarte en el asiento de atrás.
Ponerte el jeans y la camisa celeste. Las sandalias negras y las argollas que algún día fueron verdes. Vos querías caminar de esa forma, hacer planes para el viernes, pensar que pasaría.
Qué pasaría si la vida. Si el mundo se encargara de que te quedés sin un pie reclamando en esa fuente.
Si de pronto entendés que las cosas pasan cuando menos deben.

Entonces que hago, decime que es lo que hago si esto lo planeé tantas veces.
La vida no es ninguna obra de teatro, no es ningún pinche escenario.
En mi guión no figuraba un pie lesionado, yo me dedico a eso entiende, a mi las cosas no me fallan.

Y con vos todo me ha fallado.



Cuando aprenderás a caminar como cualquiera, a reír como cualquiera.
A ser simplemente cualquiera.

Pero la película no fue expuesta. La película estaba escondida detrás de las rejas.
Porque usted nunca va a poder entender porque yo estoy aquí.

Y vos en cámara lenta.
Profundidad de campo, apertura del diafragma treinta y dos cerrado.

Las mejores escenas nunca son como te las habías imaginado.


(Pero a vos qué carajo te importa. Que te puede importar ser el protagonista, el centro de esta patética y amarga comedia.
Que te vas a estar dando cuenta de que estas palabras son tuyas. Que te pueden importar a vos mis escritos.
Mis imágenes.
Mis problemas.)

La hora es lo de menos.
Ya ni siquiera intento.
Ya ni siquiera se me ocurre levantar la cabeza.

Las sandalias se rompen y uno se ríe a carcajadas.
Uno se ríe hasta que salgan lágrimas.
Y se esconde donde nadie lo vea. Uno tiembla y se ríe y camina en dirección opuesta.
De todas formas la vida siempre encuentra la manera.


Cuando uno menos se lo espera.

Ego

“Observó con odio a aquel hombre que había provocado la única derrota de toda su vida”

A mí me gustaría no quererte ni un poquito.
Saber, por ejemplo, que lo hiciste todo a propósito.

Que de alguna manera querías equivocarte.

Entendés, que los errores siguen su camino sin ninguna repercusión.

A mí me gustaría pensar, que si no te veo no es porque no querás verme.
Que si no estás conmigo es porque estuviste siempre aquí.

Y que seguís esperándome.
Que seguís de lejos mi juego sin siquiera inmutarte.
Que yo te sigo el juego creyendo que no te encuentro.

Tu juego de palabras torcidas, de frases incompletas.
De noches únicas y memorias huecas.

En donde es imposible que alguien intente,
Que alguien se esfuerce y te haga perder.

A mí me gustaría saber, por ejemplo, que pensar en vos tiene sentido.
Que perder no es algo justo.


Que yo no me equivoqué.

La tiranía de la distancia

"Hacés mal en ilusionarte, yo estoy tan lejos de todo.
Tan lejos que me da asco."


Lo difícil es comprender,
que te escondés a propósito detrás de mis pasos.

Mientras yo te huyo.


Sin querer.

22:37

"La muerte se pasea con un leve de roce de faldas sobre el piso"

Que nadie se mueva.

Dos puntos abro paréntesis



Bobby Cárdenas se va a morir.

Vuelo 3054



"Ese que sale de su país porque tiene miedo,
no sabe de que,
miedo del queso con ratón,
de la cuerda entre los locos,
de la espuma en la sopa.
Entonces quiere cambiarse como una figurita,
el pelo que antes se alambraba
con gomina y espejo lo suelta en jopo,
se abre la camisa, muda de costumbres,
de vino, de idioma.
Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,
y duerme a pata ancha.
Hasta de estilo cambia,
y tiene amigos que no saben su historia provinciana,
ridícula y casera.
A ratos se pregunta como pudo esperar
todo ese tiempo para salirse del río sin orillas,
de los cuellos garrote,
de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.
A fojas uno, si, pero cuidado:
un mismo espejo es todos los espejos,
y el pasaporte dice que naciste y que eres
y cutis color blanco, nariz de dorso recto,
Buenos Aires, septiembre."

Cortázar.

¿Y si me voy y no vuelvo?

Andá a ver quién te cree esos discursos de cinco de la mañana, tus berrinches de mocosa maleducada.
Dejá de llorar, cabrona, dejá de lamentarte ahí tirada encima de toda tu porquería, de tus horribles sueños pringados de mentiras y campanas.
Y palabras que no se contestan, a vos ya nadie te contesta te das cuenta.
(No, como te vas a dar cuenta. Pinches pendejos que no te contestan.)

Me das lástima, mocosa.
Me das una sensación de inframundo inexplorable, de psicología inefectiva con tu colección de letras mal ordenadas, de colores pobremente mezclados, vos que te fuiste quedando atrás en el tiempo, quitándole todos los días el polvo a las gavetas. A las mañanas sin desayuno y matemáticas mediocremente resueltas.

Dejá de llorar cabrona, deberías poner en marcha una vida fuera de las sábanas y las computadoras a las cuatro de la mañana. Fuera de los espejos al revés y las noches recordando inútiles vidas pasadas. Tu vida que no es más que los mensajes del celular, las alegrías de cinco minutos en buses en los que pensar más de la cuenta está prohibido.
En donde es más efectivo bajar los brazos y sumirse en un libro que no dice nada. Que pasaría decime, que pasaría si nos tomáramos en serio los discursos de cinco de la mañana, con algo que no significa otra cosa más que tu ridícula soledad lejos de la hipocresía, el intento por ser algo más que un tercer mundo hundido en todo este barro y tardes de verano.
Y pinches pendejos que no se dan cuenta.
No, como se van a dar cuenta. Pobrecitos que no saben, que no pueden salir nunca de su condominio de alambre de púas, de su fracaso de carrera universitaria y vacaciones perfectas.

A vos que se te ocurre cada idea, cada intento de aerolínea y regalos de navidad sin posibilidad de devoluciones después de alistar las valijas, cruzar terminales, olvidarse de una vez por todas de la fecha de nacimiento, el historial de rencores y la reputación de tantos años que fríamente se fueron a la mierda.

Que fríamente su país, su historia y su aeropuerto.
Porque aquí donde yo vivo hay un aeropuerto. Y los aviones nunca vuelven después de irse hacia un lugar donde todos sonríen aunque no sea de veras, donde la felicidad se limita a las comidas rápidas, a ventas masivas a expensas de las deudas.
En donde es más efectivo ser alguien fuera de los sueños pringados de mentiras y muertes de amigos, sin tarjetas de cumpleaños ni llamadas con intereses de por medio, ni relaciones pobremente mantenidas para no caer de una vez por todas en la quiebra.

Me das lástima, mocosa.
Me das una sensación de cobardía y pinche pendeja que no se da cuenta.
Como te vas a dar cuenta, vos y tus aduanas y tu felicidad de comidas rápidas lejos del lado tierra.
Lejos, cabrona, lejos de vos misma y de la historia que te ha costado, que te ha costado tanto.
Que fríamente decidís taparte los oídos y no escuchar a todos los que sí te contestan, a los veinticuatro de diciembre poniéndole fin a la guerra.

Andá a ver quién te cree, porque aquí donde yo vivo hay un aeropuerto en donde es más efectivo sentarse a ver aviones detrás de las rejas.

Negligencia

A Juanjo,
porque tampoco habla, solo que a la inversa.

descuido, desinterés, desidia, apatía, dejadez, abandono, desgana, indolencia

“I’m the guy who has his headphones always on. Yes, I’m trying to ignore you”

Yo, por ejemplo.
Me atengo mucho a lo que pueda o no pueda entrar por esa puerta, vos me entendés, como no.
Como no me vas a entender si todos los días son jueves y todos los jueves son vos.
Si todos los vos son días y un intento por perfeccionar un diálogo que no tiene principio. Que no tiene razón de ser si no se te ocurre otra cosa más que mirar una uña azul, una uña amarilla pero es azul y sobretodo una excusa para mí que yo, por ejemplo.

Tengo una horrible fijación por creer que los sábados pueden ser jueves aunque no haya puertas, ni posibilidades de puertas.
Ni
Vestidos
Rosados, vos que no vas a venir, no vas a volver nunca.
Porque no sé quien sos.
Porque es imposible escribir algo coherente, después de media hora de contemplar el celular.
Después de querer imaginarse que yo te quiero y vos me querés.
Y yo no te quiero.
Y vos no.
Tenés idea.
Por ejemplo.

Y si alguna vez se nos ocurre sonreírnos mutuamente, sin necesidad de pensar en segundas intenciones.
En noches estúpidas hablando por hablar.
Por esconder un ligero temblor en el párpado.
En la palabra que no se sabe de dónde salió. Y que ahora estás aquí. Siendo quien no sos sólo por creer que yo soy.
Y me tenés miedo.

Y me ves allá sentada, jugando a no verte.
A los saludos por encima de los nervios.

Entonces te acercás. Se te ocurre ser menos hipócrita y te acercás.
Pero yo te doy la espalda.
Pero la espalda te da a vos.

Y aún así sos un poco más fuerte, un poco más anónimo y menos evidente.
Pero no voy a poder.

Pero no vas a poder.
Si no, (tenés idea)
Por ejemplo.

Si ni siquiera puedo ser yo tu ejemplo.
O el inconsciente punto de referencia, la necedad por reproducir una noche de la que ya nadie se acuerda.

(Yo sí me acuerdo, disculpe, de usted yo siempre me acuerdo aunque talvez.)

Aunque ahora corra y no te escuche
Y te escuche tanto, y no tenés idea.
De que no voy a venir, no voy a volver nunca.
Si a vos no se te ocurre encontrarle el temblor
A los párpados que no tiemblan.
A la simplicidad de comprender, que suelo encontrar divertido sentarme a sustituir nerviosamente mis palabras.

A uno a veces le gusta pecar por omisión.




(Silencio)

Decile a ésta muchacha que su incompetencia me exaspera.

Siguiente, lo que sea que quiera entrar por esa puerta.

¿No le importaba?

"Que se quedara,
Que todo se fuera al demonio."

(Yo no nací para escribir)

vos me entendés.

Yo te prometo

"Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte."


Ya perdí la cuenta, la noción,
No sé.
La ló-gi-ca de tu discurso, el creer que abrías la boca y pensabas un poco antes de hablar, de querer,
(Querer)
Vos que sabes, decime un poco.
Mirate ahora haciendo el ridículo en frente de una computadora, reproduciendo imágenes a cada segundo de la misma estúpida manera en que te empeñás por hacerme creer que soy parte, que esta vez sí soy parte y que estás ahí con esa sonrisa tan hipócrita dándome a entender que no es en vano tu mirada, tu silencio y tu palabra de no irte nunca (tu palabra a las cuatro de la mañana)
De no irte nunca.
Y vení, quedate.
Yo te prometo que intentaré parecerme un poco más a eso que vos llamás normalidad.
Y que no voy a gritar tan fuerte cada vez que puedan escucharme.
Ni volveré a brincar con un solo pie en frente de todos. Ni a reírme de rodillas en el suelo.
Ni a mirar con los ojos cerrados.
Y que no vas a tener que darme una mano, para cumplir con tus principios y tus valores.
Y que no vas a tener que rescatarme, de todo esto que jamás entenderás.
Vení, que talvez hay algo más que pueda interesarte, algo más inteligente de lo que yo también pueda hablar.
Y si talvez dejo de lado, el drama de todos los días, la sensación de querer alejarme de lo palpable para convertirme en una imagen detrás de un vidrio.
Detrás de un escaparate lleno de muñecas sin cerebro.
Sin tema de conversación para una tarde de frío donde nada más sonrío porque vos.
Si yo pudiera, yo te prometo que si yo pudiera no volvería a caminar sola bajo la lluvia, ni a dormir tarde sólo por esperar algo que no estoy tan segura de que llegará.
Y que esta vez, te puedo demostrar,
A vos. No a otro.
A vos te puedo demostrar
Que soy algo más que un intento de pasarela en las aceras, un objeto caricaturesco detrás de las burlas y las carcajadas.
Y que talvez ya perdí la cuenta, la manera de creer que era verdad, que estabas aquí porque quisiste moldearme a tu manera para ver si de una vez por todas podía calzar con tu patética armonía, con tu deseo de ser quien no sos y que yo si soy y por vos no.
Por vos no puedo, por vos no.
Yo te prometo que seguiré sonriendo hipócritamente para poder alejarme de tu palabra de no irte nunca. Que jamás lograré parecerme a eso que vos llamás normalidad.
A eso que no sonríe, ni grita fuerte, ni es una imagen detrás de un escaparate sucio de ciudad.
Te doy mi palabra de dejar de lado tu inútil deseo de originalidad, y que vas a seguir haciendo el ridículo detrás de la computadora,
Pidiéndote a vos mismo un cambio sin sentido,
Un espejo diferente del que te cansaste de modificar.
Y que te voy a seguir escuchando.
Un poco para darte una mano,
Para cumplir con mis principios y mis valores,
Un poco para darte esa sensación de armonía, de hacerte creer que me estás salvando con tu propio rescate
Y que así podás creer que abrís la boca.
Y pensás un poco antes de hablar.

Y es que hay cosas



que no se dicen.

Inolvidable

“Te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero”

Yo sé que a vos no te importa. Y que a mi no me importa tampoco. Pero qué me queda por hacer con toda esta culpa, decime a quién a esta hora y con esto encima, qué mas puedo hacer si ahí estás vos tapándote la cara con las cortinas, si necesito una excusa para creer que está bien, que de esa manera todo está perfectamente bien y entonces qué fácil vos. Qué fácil.
Qué absurdo. Creer que vos.
Y yo.
Y que nunca te fuiste y seguís aquí encerrado en cada gaveta, en una especie de flor marchita aplastada por una mejor que aún así nunca, after all this years el tiempo pasa, y las palabras se esconden y les da vergüenza, y suenan terribles ahora que me veo en el espejo y sé que es inútil. Que la imaginación es un arma de doble filo y puede llegar a destruir tanto. A dañar tanto.
A ponerte del lado equivocado y disfrazarte de presente, de poema aburrido que por más análisis no se entiende. Y mentiroso vos y mentirosa yo. El poema no se entiende si yo no quiero que se entienda, si el sentido está en que te fuiste y tenés que devolvérmela a ella. En que las piezas calzan tan bien en este rompecabezas pero ella.
Y no es tuya y no es cierto pero hay que comprender entonces, I know I never really get inside of you, qué sentido tiene tenerla, to make your eyes catch fire the way they should, esas porquerías que salen cuando uno cree que hace falta, que siempre va a existir eso que falta. Cuando todo está tan ordenado y resulta maravillosamente funcional para los otros. Donde siempre los otros desfilan sonriendo con las sumas y las restas y vos debajo de esta pereza.
Tan magnífico que calza todo sin tu parte de la historia, sin poder predecir un diálogo en un sillón incómodo de alguna casa desierta, estaba loca y no comía, vos no tenés porque preocuparte porque no podés imaginarte lo tonta, ochenta y ocho noventa y tres ochenta y siete treinta y cuatro pero te juro que ya no me acuerdo, que ahora sos la única y ella no comía y estaba loca.
Y vos sos un idiota. Un cretino y un idiota.
Y vas a volver un día con tu disco rayado y tus cartas repetidas. Y será demasiado tarde, ninguna decisión que tomar porque es ficticio y pasajero pero sobretodo una burla, la descarga equivocada con un fin establecido, no matter what it takes, una última parada acertada, she’ll be the queen of, una cronología inaceptable para tu actual estado, para tus tres meses escasos. When you’re older you will understand, en una eternidad donde nada más el éxito y la metáfora.
El poema no se entiende si yo no quiero que se entienda. Si en última instancia es lo único que queda para establecer tu ridículo equilibrio, tu antagónica pirámide circular y vos sos el único, qué palabra tan vacía. Tan burlista y tan novela.
Vos y yo no somos, the wrong kind of place pero hay que echarle la culpa al primero que aparezca.
La analogía y la coherencia.
Las piezas calzan. Vos sos un fantasma, un intento de racionalización externa.
Y es que ella y yo armamos este rompecabezas pero se nos olvidó inventar nuestra propia pieza. Formar nuestra historia inolvidable y darle una función un poco menos estética. Un poco menos historia.
Y a vos no te importa. Y a mi hace tanto que tampoco me importa.
Pero qué me queda por hacer a esta hora y con mi actuada tristeza. Qué mejor opción que echarle la culpa a mi fracaso por volver inolvidable lo que no hay detrás de las cortinas, lo que está muerto en un sillón incómodo de cualquier casa desierta.
Qué mejor opción que inventarse un rompecabezas, una cronología en desorden y una pirámide sin meta.
Y poco a poco ir moldeando cada pieza donde los otros, una eternidad y tres meses y muy sutilmente construir una realidad maravillosamente perfecta.
Y poder ganar de una vez por todas para volverse inolvidable.
Las piezas calzan y finalmente salir ilesa.
Quedarse inolvidable y eterna pero sobretodo afuera.
Sobretodo quedarse ilesa afuera de este rompecabezas.

(El poema no se entiende si yo no quiero que se entienda)

Hignoransia

Cuando no te queda más remedio que aceptar,
Un conformismo turbio. De vestidos sucios
Y sonrisa escueta. Combinado con tu empirismo literario
Y que no sabés escribir, en realidad
Que no sabés manejar con coherencia
La fatídica charla después de la cena.
Cuando no te queda más remedio que

Hablar sin el fundamento teórico
Y enciclopedia.

Y aún así comprender

Que se cumple con los requisitos,
Entonces ver con ojos tiernos, este pueblo tan ciudad,
La inútil lucha política, el celular.

La congoja y la vergüenza ajena
Hacia quien no le molesta
La necedad de confundir desayunos con estética
Con faltas de ortografía y novelas brasileñas.

Cuando no queda más que aceptar el remedio
Del empirismo literario
Y someterse a padecer,
De vergüenza un poco propia,
Por encima de la ajena.

Que voy a estar yo sabiendo

Y es que cuesta, no me vas a negar que cuesta.
Cinco y media y no se puede faltar de nuevo hoy, y otra vez no hiciste la tarea, sos una irresponsable vagabunda pero son las cinco y media y todavía no ha salido el sol. Y verse un poco decente porque si no qué sentido tiene, imposible escribir con todas tus pulseras, con tanta ridiculez imponiendo un supuesto orden que no se merece, pero son las siete y ya ni siquiera importa si sale el sol, si esto supone un esfuerzo obligatorio, la certeza de poder asegurarse un futuro por medio de ademanes maleducados, de asuntos que van construyendo antologías con textos ilegibles, con textos porque que te puede importar a vos la reforma educativa. Son las ocho y quince pero Alfredo González Flores, el premio nobel a quién sabe qué y entonces la literatura es importante, vos creés que a eso se le pueda llamar literatura, payasos indecentes.
Y decime qué voy a estar yo sabiendo de la narrativa de un tal Jiménez, la maldita democracia y la cultura general, ya no saben que concepto replantear para imaginarse que esto sirve de algo, que no dudo que sirva de algo pero no lo puedo ver. Que voy a estar yo sabiendo si no quiero saber.
Y no me explico vos de que te quejás si no llevás laboratorios, si no podés ni siquiera sumar y la física y vos que no hacés nada porque no necesitás ninguna fórmula para poder trabajar. Para poder querer un poco, y talvez me quejo pero decime de qué me sirven los números cuando conozco fuerzas que los superan. Yo no entiendo de trigonometría pero hay habilidades que no se cuantifican, que no se rigen por nada establecido y no puede ser cualquiera el que las conoce, las modifica y a veces las inventa.
Pero que más se puede hacer, son la una y cuarenta y el futuro está ahí haciendo muecas, no me vas a negar que cuesta, si por algo habrá que seguir y soportar la lluvia y el dolor de espalda, atenerse a una fe bastante burda, y no decepcionarse demasiado porque las expectativas y las ganas, el sol sale, el sábado siempre llega.
Acordate siempre del esfuerzo y la cultura general, el régimen de Tinoco y las bibliotecas, la Guerra Mundial y la crisis, por todos los diablos, la crisis que no se supera.
Que no dudo que sirva de algo.
El futuro viene siempre tan rápido y todo lo que uno no aprovecha.
Entonces qué te queda, son las cinco y media y entiendo que la literatura es importante, que la ridiculez implora tolerancia, que las ocho y quince y no me quejo porque no llevo ningún laboratorio, y soy algo más que este curso porque es un año y nada más, no decepcionarse demasiado, qué sentido tiene, las habilidades no cuantificables jamás serán sinónimo de facilidad.
Y es que cuesta, no me vas a negar que cuesta.
Y todo lo que uno no aprovecha.
Payasos indecentes, textos ilegibles, tomarles un poco el gusto y agachar la cabeza.
Al fin y al cabo venís aquí por el futuro.
Y estoy segura que al futuro (todo esto) de verdad le interesa.

Estéreo



Enojarse es demasiado fácil.

¿Tres hijos?

Mi mamá nunca se dio cuenta que aquí existía un mundo que la estaba esperando.

Cuando la conocí,
venía cantando con su poder de lograr que el mundo se convirtiera en collar de perlas y tacones altos.
Me miró tan feliz, tan mes de enero y sábado por la noche,
y yo sentí tanto miedo de su vestido morado, de su exagerada manera de caminar. Y se reía fuerte. Me miraba y se reía fuerte mientras movía los brazos y me decía qué guapo sos Federico, que clase de mamá tenés que te deja aquí solo, estoy segura que ella debe quererte tanto, de verdad no podés imaginarte cuánto.

(Y se iba siempre).
En una escena con perfecta fotografía y sonidos lejanos.
Yo la admiraba.
La quería por esa voz ronca y su anillo de óvalo anaranjado. Por su trabajo que era su vida. Que era ella y el verde fosforescente, el micrófono que no servía, los efectos de sonido, los escenarios donde a veces ella era la imagen, donde no había ojos que entendieran lo que hacía y ayudame porque vos sos la única que sabe que es lo que está pasando.
Y no dormía nunca porque el tiempo. Porque mi mamá era terca y sólo escuchaba de vez en cuando. Porque bailaba sola de cuarto en cuarto, tenía una colección de recuerdos que le gustaba modificar para conservarlos. Para creer que la casa era un poco los espejos y gritarle a ella que aquí era, que no se preocupara porque aquí estaba. Un poco las botas negras y las máquinas. Mi mamá que era ella y lo amarillo de un auto. La sorpresa de las tardes. Las carcajadas. Mi mamá nos quería. Qué guapo sos Federico. Collar de perlas y tacones altos.
Y llegué a pensar que le gustaba tanto ese pórtico, la casa que él mismo le había comprado: puertas de madera, dos pisos, balcón angosto y estudio para grabar audio. Y encima Volkswagen, Jimena y Clara, veinte de enero, zapatos rosados. Diez años y ella que se iba guiñándole un ojo, la otra semana, te doy mi palabra que la otra semana descanso.
(Nunca le quedó de otra. Había que quedarse siempre).
Esperando
A que se sentara en la cama con el lapicero de plumas, los garabatos porque talvez aparecía algo. Decile a tu papá que venga Fede, yo trato de escribir y no sé a quién engaño. Después lloraba y los berrinches, él que insistía, calmate chiquita, tenés que entender que hace mucho que dejaste de tener diecisiete años.
Tenés que entender pero ella lo entendía mejor que nadie, estaba ahí por algo y lo disfrutaba tanto.
Estaba (ahí) pero el avión era más importante que los cumpleaños. Pero ella era la historia y a nosotros nos tocaba aplaudirle y después continuar intentando sacarla de su adolescencia tardía, de su sueño equivocado. Y yo nunca, sabés, nunca pude entenderlo a él que me decía
“Dejala que se pinte las uñas, no ves que no entiende que aquí la estamos esperando”.
No ves que la cena y el paseo los domingos. Tu mamá que no cocina, que no sabe matar cucarachas ni caerse en los charcos. No ves que tus hermanas no van a volver hoy temprano, uno, dos, tres, probando. Jimena y Clara, las semanas sin descanso. Tus hermanas no lo saben, poneme la luz azul, no me gusta, no, vos quedate ahí y aprendete bien el diálogo.
Mi mamá y su vestido morado, sus intentos de parecer el cariño y nosotros al fondo de su cuarto, de su sueño de balcón angosto y espejo quebrado.
Mi mamá que se despertó un día y creyó que esto era la casa, mis hermanas y los cumpleaños, decile a tu papá que venga, la verdad es que no sé si me gustan estos zapatos rosados.
Y él que le había regalado la casa.
Pero el avión era más importante, la otra semana descanso. Uno, dos, tres, probando.
A nosotros nos tocaba aplaudirle y dejarla que se pintara las uñas, de todas formas cuando la conocí.
Mi mamá nos quería. Mi mamá se iba siempre pero

(¿Tres hijos? Pero qué te pasa mocosa, si vos apenas tenés).
que entender que hace mucho que dejaste de tener diecisiete años.

Toma uno

Dejá de mentirte, yo decidí ponerlo tan fácil.
Suficiente de vos por aquí,
Dejá de estorbarnos con tu inconformidad repugnante.
Con tus elogios que nada valen.

Que nada valen, dejá de mentirme.
Suficiente de mí por allá.
De esta comedia que no tiene principio,
Ni forma,
Ni objetivo.

Ni fin con estas teclas, suficiente de tu abanico de expresiones,
Tu circo de ruedas cuadradas.
Que nada valen, dejá de estorbarnos con tu débil sustantivo.
Suficiente de vos por aquí.
De mi lista de falsas imágenes.

Yo y mi empresa de imagen facial.

Vos y tu manera de mentir con la verdad

Yo y mi empeño por borrar las madrugadas.

Vos que me vas quitando poco a poco mi sonido al caminar.

Y entonces vos y yo.
Y la cartelera de los sábados.
Maquillaje y adjetivos, el teclado y jamás.

El teclado y nosotros
Ni forma
Ni objetivo.

Entonces mejor quedémonos con el sustantivo y el estorbo.
Porque
(Vos)
Que me vas quitando la palabra
Porque
(Yo)
Soy tu única empresa de imagen aún sin comprobar.

Ciclo "fúnebre"

Se cruzan dos hombres en silencio.
Brota una lágrima en la puerta de atrás.
Se encuentra un extraño, hoy tarde,
Siente el infierno una satisfacción caída.
Los calendarios corren dejando todo atrás.

El tiempo, ¿Cuál tiempo? La aguja inocente
Gritando horas vacías. Nubes de tinta negra.
No existe una hora ya. No da para todo la alegría.
Siempre se sabe, si ese es el caso. El frío,
La noche, el púrpura otoñal. Sos la luz,
Hoy, ¿Lo harás?

Caminos largos y duros. Llagas,
Sale el mundo de pie huyendo de la esperanza.
Una simple actuación mal hecha.
Colinas de sangre fabricada en laboratorios,
Siento la muerte siendo yo la vida.
Podrá ser el grito inhóspito y la hipocresía.
El tiempo de todos.

Tiran como estrellas notas musicales,
Pringando de rabia la pared.
Florecen manantiales de auxilios, ¿Dónde?
Nunca lo hay aunque sea el luto, lo más.
Se viene la estampida y la revista de necios.
Somos una especie con el don de olvidar.

¿Cuál hombre? Caen frutos de los árboles,
Y todos ríen una vez más.

No me mirés



















Hoy no tengo nada extraño.

Justo a tiempo

Hoy cometeremos el peor asesinato de todos los tiempos.
Y así nosotros,
No moriremos.

Diecinueve cero nueve

Te había llegado la hora:
No dormir nunca más en la tarde, vestido recién comprado, zapatos azulceleste, setiembre, dos-mil-cuatro.
Poner los pies en tu edificio, (caminá derecho y no mirés hacia los lados), lapicero color negro, mucho gusto Doña Alicia, firme aquí, abra la puerta, haga el ridículo, la espero mañana a la misma hora, no se le olvide por favor el paño.
(Hágame caso).
Había llegado la hora y me estaban esperando. Eran tantos… Te juro que eran tantos que miraban de otro modo y me obligaron. Me insistieron porque creían. Creyeron que me creían pero me engañaron. Eran tantos y no miraban nunca hacia los lados.
No se le olvide que mañana.
A la misma hora. Vestido recién comprado.
Y volví al día siguiente, y después de tantos años.
Porque la puerta es transparente, el suelo color verde, el dolor no se siente donde hay tanto metal hablando. Donde hay tantos minutos que no pasan. Y la hora sos vos. Y vos sos el daño. (Diecinueve cero nueve). El daño.
Las semanas tienen cinco días y no podés desperdiciarlos. No podés porque te obligo a bajarte en la parada equivocada para correr debajo de la lluvia. Y llorar tanto porque son las seis y no has llegado. Y las clases de la tarde porqué, tenés que estar aquí puntual brincando, como lo has hecho siempre, como hace cuatro años.
Mirate al espejo.
Te volviste tan. Esto no está bien. Que fea estás.
Tus clases de la tarde no más.
(Son las seis y no has llegado). Sentir la angustia y gritar, el espejo-tiene-tanto-sentido-a-partir-del-dos-mil-cuatro.
No se le olvide que mañana. Firme aquí. Número de cédula y otro año. Y otra vez llorar golpeando el piso, todo tiene tanto sentido, que fea estás porque yo no pude faltar nunca, te juro que eran tantos que no miraban para los lados.
Te juro que eran sus ideas. Sus engaños hace cuatro años. Contar números inútilmente, nunca más volver a hacerlo porque entrás, vuelven a verte tan extraño, te había llegado la hora, firmá aquí porque se te acabó la vida: somos tantos tristes solos y pálidos.
Y eso no se puede. Las semanas tienen cinco días y el espejo tanto sentido cuando vos sos el daño.
(Vos) desde el dos mil cuatro. Volver siempre al día siguiente, vestido recién comprado, zapatos azulceleste y firme aquí, son las seis y vos llegando. El espejo debajo de la lluvia, vos sin dormir nunca, vos en el suelo llorando porque que fea estás, ahora somos tantos llenos de metal, del suelo color verde y mañana a las seis en el edificio puntual brincando. Faltar nunca, mirate al espejo, te estoy esperando.
Ahora somos tantos con cinco días sin desperdiciarlos, sin mirar nunca hacia los lados. Creemos que nos creen y engañamos.
Y estamos enfermos
Tristes
Solos
Y pálidos.
Diecinueve cero nueve, la espero mañana a la misma hora.
Hágame caso. (Setiembre, dos-mil-cuatro)

Que no se te olvide

Que fue.
Leave me out with the waste, this is not what I do
It's the wrong kind of place to be thinking of you
It's the wrong time for somebody new
It's a small crime
And I've got no excuses
Is that alright with you?

Yo tenía trece años. Vos creo que dieciséis.
Vos estabas aquí, callándote quien eras porque nosotros. Vos nosotros y nunca. No perteneciste a esto nunca ahora que lo sé, así ella tenía a sus amigas y yo era. Y todo tan diferente, nos veíamos cada viernes, vos me llamabas a diario para hacerme reír con esas palabras que no están, que aquí yo soy otra, antes vos eras y todos estábamos y nos veíamos cada viernes, cada lunes, nos teníamos aquí siempre con las palabras y el afecto, con los abrazos y las risas, las historias pero sobretodo éramos siempre y nos queríamos
Vos creés que nos queríamos.
Y la culpa de quién. Decime quién pudo ser.
(Quien)
Pudo sacarte de las tardes de secretos, de las lágrimas y los consuelos, y la vida que era otra, yo que sonreía de veras y todo era tan cierto, tan real antes que la vida. Y te sacaron a vos de este sueño, y te fuiste con ellos a reírte de otros, a juzgar lo que éramos.
A vos que la culpa, y un día te grité, después te di la espalda y me fui caminando sola hasta que no pudieras alcanzarme, hasta un perdón que no escuchaste y tanto ruido después, tuviste que venir después a gritarme de vuelta todo lo que siempre, y esta vez te fuiste tan lejos… tan lejos y dijiste
Que nunca había existido la tarde y los secretos, los poemas y la ayuda, que me quedara aquí sola porque un día
(Te grité y ni siquiera entender)
Porque en el fondo conocías a la nenita caprichosa que se enoja e insulta tanto y llora cuando despierta, cuando recuerda un poco quién es. A la insolente que te hizo daño y se burla y cruza la calle cada vez que te ve, y tiró todo a la basura y ahora se arrepiente. Que te hizo daño la nenita caprichosa, y te hizo tanto daño y después como si nada se fue.
(Se fue)
Sin vos. Quién puede ser ahora si te llevaste.
La nenita caprichosa y la culpa de quién. Decime quién pudo ser.
Que te dejó tirado en esa esquina, y te empujó hasta ese mundo, hasta la separación tan evidente, el silencio abismal y que aquí nada, el pasado nunca fue. Nunca mi hermanito mi bebita, mis tardes y lo que yo realmente fui y seré. Nunca el uniforme color celeste y el escenario de la actriz que hasta ahora se acuerda, que unas fotos la actriz y la culpa porque te grité.
Y él.
Y vos.
Y yo.
Y quién. (Fue)
El que puso esta muralla que nadie ve, que nadie recuerda porque te empujé, porque te obligué a construir un mundo nuevo con cada insulto y la espalda y la máscara y la historia que parece imposible, el perdón que no escuchaste y una tarde que lloré, que supe que estabas lejos y que yo ya no era vos y los abrazos y la vida que era otra. La vida que era yo sin saber que esto podía algún día suceder.
Que podía despertarme siendo alguien que siempre quise ser, acordarme y marcar tu número, oír una voz diferente, un perdón que no escuchaste, colgar. Saber.
Querer entonces retroceder. Cuando con tanto descaro abrí ese libro. Cuando fríamente me lo dijo:
“Yo soy una mierda”
Y por fin yo te escuché.
Te sentí del otro lado con todo ese desprecio, la cólera y la herida, lo cierto, la culpa de quién, yo soy una mierda sin vos y es que ni siquiera entender que todo está muy lejos, que sólo se puede retroceder hacia delante y atrás quedó la casa y los domingos, los lunes y los viernes, atrás los abrazos y ahora ella quién es.
Vos creés que nos queríamos, que alguna vez si fue. La muralla y la basura y cruzar siempre la calle, no vaya a ser que yo tenga trece años y vos creo que dieciséis.
No vaya a ser que hola mi hermanito, como estas mi bebita, vení actriz caprichosa y no llorés, el perdón que no escuché y no dijiste, y te fuiste a tu mundo a reírte de otros, a ser quien siempre quisiste ser, y me empujaste, me gritaste que me fuera, y me diste la espalda actriz y ahora quién te ve, marcar tu número pero no conozco a Bobby, pero tu cuarto es una fresa y tan distinto, tan lejos que sos otra, que parece imposible, cada insulto los domingos y ustedes que ya no son nosotros, tanto daño la nenita porque
Yo soy una mierda.
Todo ese desprecio, la cólera y la herida, la culpa de quién.
Y entonces cruzo la calle. Que no se te olvide en este mundo cruzar siempre la calle.
No vaya a ser que algún viernes me despierte y lo recuerde.
Hola mi bebita, como estás mi hermanito.
Y que entonces yo tenga trece años.
Y vos creo que dieciséis.

Después

Después de un tiempo (Donde ya no hay tiempo)
Deja de ser así
Tan importante, tan atroz.
Tan movimiento a la defensiva.
Tres de la mañana, cuatro, dos.
Da lo mismo. Que llueva, que no.
El reloj, la tos afuera, el miedo,
El tiempo que no existe,
Doce, tres, cuatro, dos.
Después de un tiempo, que no es lo mismo,
Empieza a ser lo mismo,
La tos afuera, los versos.

(¿Cuáles versos?)

A la defensiva, siempre a la defensiva.
Y una duda, sabés, es muy importante,
Aunque sea tarde, tener dudas.

Porque ayer sí
Porque hoy no
Mañana sí de nuevo
Siempre llueve después de todo.
Da lo mismo. Que estés, que no.
Que yo tenga dudas.
Dos de la mañana, cuatro,
De nuevo dos. Mañana dos.

(Siempre a la defensiva)

Se acaba el tiempo, me queda claro,
Si es que alguna vez hubo tiempo,
(El miedo, canal 17, Nana otra vez)
Si es que alguna vez hubo miedo,
O ruidos.
O algo porque dudar.

O algo que querer.
Los versos.
Me queda claro, da lo mismo.
Después deja de ser tan importante,
Tan atroz.

Quién creés que perdió

Que primero me toca decírtelo a vos.
Que disculpame, no sé que pasó…
Dos tragos de whisky, una luz intermitente, dos de la mañana,
El grito que escuchaste. Mi voz hablándote en sueños.
Y seguro fue mi culpa, a veces la intención,
Quedate aquí aplaudiendo porque vuelvo,
La fecha y la esperanza, quedate aquí en silencio,
Que primero me toca decírtelo a vos.

Entonces te pregunto, me gustaba aquella época,
Las gritos llegan desde muy lejos solo para decirme.
Solo para demostrarme que talvez se acabó.
Tres de la mañana escuchando a éste llorar,
Yo no puedo, soy tan fría, yo también,
Hay que apagar de una vez por todas el televisor.
Y escribirte al número que no tengo
Porque vos tenés que saberlo.

Pero no creo, soy tan fría.
Me tiembla tanto la voz. Ayer me gustaba.
Que después te toca. Que el vodka y la culpa.
Quedate aquí aplaudiendo porque vuelvo,
De los sueños gritando que se acabó.

Entonces te pregunto, me gustaba aquella época.
Quién creés que perdió, esta vez o las dos.
Porque vos tenés que saberlo,
Me tiembla tanto la voz.
E intento dormir un poco, de atrás para adelante,
La velocidad es bastante lenta ahora que vos.

A la dos de la mañana vos,
Viniste en silencio a demostrarme
Que talvez se acabó.
Y aunque haya sido mi culpa,
Quedate aquí dormida.
Que primero me toca decírtelo a vos,
Quién creés que perdió.

Feliz trece de agosto

Todo fue absurdamente planeado, un montaje para contar una historia que ya te sabés, una forma de expresión bastante falsa, una excusa que no viene al caso, que no estoy tan segura de que sea un recurso adecuado (ahora) que no entiendo porqué.
Y es que yo no sé si te lo conté alguna vez, si te dije que no es conveniente devolverse a luchar en el tiempo, a descubrir un mundo ajeno que se alegra, que se carcajea porque te lo dije que iba a volver, esta entrometida, esta mocosa que tanto daño nos ha causado, que tanto daño la infeliz, esta malcriada en el mundo ajeno dando órdenes que nadie escucha, pavoneándose y mirando de reojo siempre a todas partes, pavoneándose porque quién se cree la mocosa, tanto daño en el tiempo del mundo que no va a volver a ser el mismo, que se quedó muy atrás y la dejó aquí sola luchando contra su propio ego, contra la derrota que no sufre, aquí sola diciendo que un día como hoy
Es trece igual que siempre
Igual que el (trece) que sabe que es mi culpa, que yo trato de caminar derecho y mirar de veras a los ojos, sonreír con disimulo y agachar la cabeza, y nunca jamás volver a cometer el mismo error dos veces.
Dos veces hoy tratando de ser indiferente, el pelo porque nunca me ha fallado, caminar así y el rostro inexpresivo y los collares que suenan y sigo más que nunca evitando, sigo indiferente sin querer dos veces con un saludo que no vale, un silencio que se abre cada vez más para impedir cualquier tipo de paso, de intención poco asegurada porque quién se cree la mocosa, ahora que se le acabaron las palabras y trata de huir de una batalla inútilmente
Hacia el rostro inexpresivo que no sabe qué decir, que está ahí pavoneándose contra las calles y el ego de la derrota, el silencio nada más que diciendo la verdad a gritos
(Sordos) la verdad que es más que evidente porque es él, te lo juro que es y ya no sé qué hacer.
Y agarro esto de excusa para seguir con el teatro que nadie se cree, el trece que no va a volver a ser el mismo ahora que (es él) el único que debe escuchar al silencio, al edificio y a mi saludo indiferente, al pelo que es un refugio y el rostro inexpresivo porque dice tanto,
Dice tanto…
Del mundo ajeno que te estoy prestando, de un día falso como hoy y nunca jamás volver a cometer el mismo error dos veces, entonces los collares y el paso evitando y la batalla inútilmente, decime que está haciendo aquí la entrometida, porque te juro que es y yo no sé qué decir para ver si de alguna forma digo algo bien.
(Para ver si de alguna forma) entendés que esto es cierto, que trato de caminar derecho y mirarte de veras a los ojos, sonreír con disimulo y otra vez la excusa de hoy y el saludo porque quién se cree la mocosa ahora que lo encontró (a él), que de todas formas sigue siendo otro, sigue siendo suyo para ver si entendés
Que esto no es nada más que el teatro que ya nadie se cree, la forma de expresión bastante falsa y mi silencio que dice tanto
Y vos no lo querés saber
En un día como hoy, porque yo no sé si te lo conté alguna vez, si te dije que no es conveniente que te creás todo lo que invento en estos casos, en estos silencios que nunca se callan, si es acertado entrar en el refugio que poco a poco deja de ser falso, que sale de vez en cuando para agachar la cabeza y mirarte a los ojos de veras, y decirte es increíble que no lo notés, te lo juro que sos él y yo ya no sé de qué forma sonreír indiferente, yo ya no sé de qué sirve la excusa del mundo ajeno y el daño que no existe, que se fue hace mucho pero hoy tenía que ser, yo ya no sé si lo planeo o si huyo sin querer.
O si huyo
(Sin querer)
Feliz trece de agosto ahora que sabés, ahora que el mundo ajeno te obliga a saludar con mi rostro inexpresivo y el silencio de batalla, que intentás huir inútilmente ahora que sabés, que viene la mocosa pavoneándose para decirte la verdad, (la verdad) que no tiene nada que ver con hoy que es un montaje,
Con hoy que dice tanto y el teatro que ya nadie se cree, porque nunca volver a cometer el mismo error dos veces, y poco a poco decirte la verdad siempre sin querer.
Y decirte es increíble que no lo notés, te lo juro que sos él y yo ya no sé de qué forma sonreír indiferente, ya no sé si lo planeo o si huyo
(Sin querer)
Si te dije que no es conveniente que te creás la mentira del (Feliz trece de agosto)
Absurdo creérselo cuando te miro de reojo
Inútil decírtelo ahora que sabés.

Ocho (Del ocho).08

Uno a veces se pregunta
(Como es posible)
Que haya gente. No por la gente, sino por los cumpleaños. Porqué en teoría existe un día así de exacto, porque algo así viene a ser tema de discusión pública en una agenda científicamente vacía, carente de todo sentido y cariño, de cuando a acá es importante hablar abiertamente como si a la gente. Como si los cumpleaños.
Sin embargo llueve en las mañanas y qué clase de país es este, cada día después de hoy llueve y uno abre un ojo, cinco y tres, qué demonios pasa, callate Bobby, dejame dormir, no ves que hoy es jueves y yo estoy esperando el martes, o no sé si el sábado. No sé si es demasiado
(Jueves)
Y temprano y otra vez ese bus, otra vez ese silencio y la carga matutina que se las ingenia para torturar a cualquiera. Aunque sea todo de la misma forma y camino con un poco de lluvia y sonrío y no hay nadie en este mundo que se compare, nadie en este mundo
Que se compare.
(Conmigo)
Que estoy caminando y soy despistada, y odio los puentes peatonales como si alguna vez me hubieran hecho algún daño. Y lo veo y le digo olvidate, esta vez no caigo, da igual porque soy fuerte y esto es una película, y yo puedo, entonces veo barro como aquella semana que nos mortificó tanto.
Barro y talvez un caño interminable, unas bocinas lejanas, unas carcajadas y hace calor, que clase de país es este, todo esto es culpa… (Es culpa) de ustedes. Y de este país que no tiene aceras, que clase de camino con caño y pasos pero sobretodo el calor.
El calor.
Que me hace parecer el malo de la historia, una calle que no existía y barro, demasiado barro para ser aceptado. Para vivir en las aceras que no tienen caño. Y no van a parar a ningún lado que me guste, los puentes peatonales que me hicieron tanto daño y ahora me siento sola a gritarle a esta conciencia que no se calla, que no tiene nada que decir y nunca se cansa.
Como yo que nunca me canso de subir escaleras y hacer la misma pregunta, y la suerte que de pronto aparece y me dice vos sos rara, vestís raro, hablás raro. Y yo que no entiendo porque eso puede ser importante, porque las conclusiones pueden llegar a ser tan peligrosas. (Las conclusiones) que no son ciertas y pueden llegar a influir demasiado.
(Y es que)
De todas formas esto es una película y no hay ningún problema en que Cartago sea una ciudad muerta y que a mí se me quite el hambre de comer fresas y un helado. (Y) nunca me ha gustado pero ahora todo es posible con el calor y este país tan culpable. Y el ruido que llega a molestar para hacer preguntas silenciosas, para alentar a todo aquel que no lo escucha.
Aunque el problema ha sido siempre esa insolente, ese desastre social que se planta en medio de la concentración y brinca y mueve los brazos como si pudiera golpearme de veras, como si no supiera que retarme es imposible, que todo está ganado.
Pero entonces porqué cierro los ojos y la coreografía difícil, que nunca ha sido difícil pero con vos a la par mía yo no puedo, y de aquí no me sacás porque tengo derecho, porque a las cinco de la tarde no hay nada más que la fuerza luchando contra el miedo.
Siempre ha sido así, la película, el calor y este asqueroso que es tan necio, que no sabe ni que dice ahora que se quedó
Solo
(Y es el malo de la historia)
De la película sobre la despistada que camina por los caños con barro, y luego se sienta a gritarle a su conciencia. A gritarle en silencio al ruido que estira los brazos como si no supiera que esto está más que ganado, que a veces los jueves pueden ser buenos y fingir ser tiranos.
Y fingir estar cansados porque no hay nadie en este mundo que se compare.
Con los cumpleaños y las fresas de helado.
Con este país un jueves porque vos sos rara,
Vestís raro
Hablás raro
Por eso uno a veces se pregunta
(Como es posible)
Que hayan preguntas, (No por las preguntas), sino por las conclusiones,
(Esa insolente, ese desastre social)
Que se planta en medio de la concentración a decir que Cartago es una ciudad muerta cuando existe un día así de exacto, cuando uno a veces se pregunta cómo es posible que no haya nadie en este mundo
Que se compare
Con la película de los jueves, el calor y golpearme de veras
Como decir que todo está ganado ahora que llueve
Ahora que hay tanto barro en este caño.

Gracias por contestarme

A Dani (Nu)

Yo no sé, entendés, es un poco difícil decírtelo ahorita, no, no estoy llorando, es el frío ves, me hace temblar mucho… es que no me lo esperaba, no sé ni como explicártelo pero es imposible que haya pasado, discúlpame que te moleste tanto con esto, yo de verdad te prometo que voy a hablar poco, que esta vez tengo motivos para probarte lo que digo, pero es que decime como hago, decime que puedo hacer si nunca entiendo nada, si llevo tantos años sin entender absolutamente nada, ni las noticias, ni las palabras y los números, y los días que son tantos, ni los silencios y las noches, y los sábados, y todo lo que te digo siempre que tengo dudas.
Siempre que las dudas me tienen a mí callando.
Decime que puedo hacer si estoy encerrada y no entiendo, si me tomo el té todos los días aunque me haga tanto daño, aunque de todas formas nada cambie con eso. Decime vos que te sabés la historia, que sos testigo que no miento, que a veces estoy en lo correcto pero siempre se me ocurre algo y me termino equivocando.
Y me termino equivocando porque esto pasa, porque de pronto tiemblo y se me nubla la vista, y siento hambre, y me tapo la boca con las manos como si eso pudiera solucionar algo. Como si algo pudiera solucionarse ahora que todo esta hecho, que había escrito todo, que le tenía hasta un nombre, ahora que siempre es tarde, que tenía que llegar en algún momento a tocarme la puerta y decirme estúpida, calmate de una vez, asi no vas a conseguir nada nunca, vos nunca, entendés, date por vencida de una vez por todas. Decime hasta cuando voy a tener que hacer esto, hasta cuando vas a poder.
Pero yo te juro que trato, te juro que de veras me esfuerzo, que llevo varios años gritándome a mi misma que lo piense, que esta vez no será distinto, que talvez ahora y la razón, vos sabés como ha sido esto, vos que me has apoyado siempre, desde que te conocí hace tanto. Hace tanto que no era lo mismo y aún así me escuchabas, aún así aquí estábamos.
Yo me pregunto que será lo que hace falta, si es cierto lo que dicen, si actúo demasiado, no te parece, yo sueño siempre y soñar es malo. Creer es malo.
Esto no está bien sabés, no sé porque te hablo y lloro (sí, ahora estoy llorando), y siento que fue suficiente. No sé que va a pasar ahora que siempre es tarde y todo está hecho, y no se si tiene solución porque no estoy segura de alguna vez haber hecho algo.
Ves que te lo dije, que soy muda y no lo hice, que una vez mas lo mismo porque tengo miedo, porque que pasa si no era como lo esperábamos.
Porque no fue como lo esperábamos y por eso nunca hablo.
A veces no entiendo como podés ser así, como son las dos y diecinueve y estás ahí del otro lado, sorprendida, tratando de buscar en nada algo. Tratando de buscar en nada siempre porque sabés que me ayuda, que así talvez sonrío un poco y entonces no te preocupés, yo me encargo de eso, mejor andá dormite que Cartago es bien largo, y ojalá yo fuera vos y ojalá así de fácil. Si después la historia comienza a tener sentido y esta vez entiendo, de verdad entiendo que no es necesario, que nada importa porque puedo agradecerte. Porque sé que jamás he estado sola aunque Cartago y el otro lado.
Aunque de pronto tiemblo y se me nubla la vista, siento hambre, y me tapo la boca con las manos, y entonces miro al techo y te llamo, y te digo es el frío ves, no sé como explicártelo pero es imposible que haya pasado. Son las dos y diecinueve y voy a hablar poco, no hice lo que dijiste porque no fue como lo esperábamos.
Nunca ha sido como esperábamos.
Y aún así insisto
Aún así es malo
A veces no entiendo como podés ser así, como lo sentís en serio y también te lo preguntás, como querés darle sentido y esperar que no sea cierto, luchar porque no sea muda ni me equivoque como si eso pudiera.
Como si eso pudiera.
Porque si puede solucionar algo.
Y es que ahora sé que estás ahí del otro lado,
A las dos y diecinueve y hace tanto. Y esta vez entiendo
(Esta vez sí entiendo) que no es necesario
Que no importa si soñar o creer o si esto alguna vez fue malo.
Si realmente alguna vez fue malo tomarse el té todos los días
O llorar de frío.
Llorar entendiendo tanto.

Hablemos

Yo no escuché.
A veces me hago la sorda, vos…
Vos lo sabés.

Cuenta regresiva

A Bobby Cárdenas,
Por ser el (anaranjado) culpable

"Pucha que son largas las noches de invierno, te acordás del pibe del almacén como lo cantaba. Pucha que son largas..."

Mirá Bobby, yo no quiero presionarte, vos sabés que te guardo un enorme cariño, que no ha sido necesario que hagás nada para merecerlo, pero me parece que ha llegado a convertirse en un problema: me tenés sentada aquí desde hace doce horas nada más que mirándote la cara. Yo no puedo esperar más Bobby, vos sabés que no tengo paciencia. No, no, claro que no lo sabés, apenas nos conocemos, pero entendeme, más de un mes, doce horas, yo tengo cosas que hacer, no puedo seguir en esto, fue suficiente me parece, suficiente tiempo viéndote la cara esperando algo que no aparece, algo que vos tenés y bueno, disculpame si me equivoco porque ahora que lo pienso bien, yo no sé si eso que vos tenés es una cara. Disculpame pero la verdad es que ahora ya no sé…
Sí, sí, estoy exagerando un poco, pero entendeme, uno a veces también siente, no claro que no, creés que no parece, lo que pasa es que vos acabás de conocerme, no podés juzgarme, tampoco te abusés… porque yo ahorita estoy tan cansada que no sé ni que digo, si tomamos en cuenta que no tengo nada que decir. Hay noches que no hacen más que atormentar y yo las entiendo, pobres, no creás que todo esto es culpa tuya, incluso no sé siquiera si es tu culpa, puede que vos no tengás nada que ver y que yo quiera estar aquí con vos sentada esperando un sonido y dos palabras, hay noches así Bobby…
Que no hacen nada más que atormentarme con una película inglesa de los años 70, que no tiene ningún sentido y aún así me gusta.
Noches largas y vacías.
Y aún así me gustan.
Como vos que me tenés aquí sentada y te reclamo y sé que no es tu culpa, pero si supieras lo que costó, lo que ha costado no poder conseguir nada, yo no sé porque te lo cuento, estás ahí como si nada, sonriendo como si todo estuviera perfecto, todo está perfecto Bobby, yo exagero y tengo sueño, y a veces no sé ni que digo, a veces no sé ni porque te cuento si nunca escuchás nada, ponés un gesto de impaciencia y te vas, aunque no podás irte te vas y me dejás esperando sola. Y después de todo querés que no te culpe, después de todo encendés el cigarro que no podés fumarte y te reís de mi a carcajadas mientras tiemblo de miedo debajo de las sábanas, mientras escucho la tos que me llama afuera, la tos que debe ser amiga tuya, cómplice tuya como todos aquí, como todos aquí…
Que tampoco hablan, son mudos pero hablan tanto, sienten tanto… Y me miran siempre como a un insecto cuyo comportamiento puede ser peligroso, me miran siempre aunque no puedan, aunque yo se los haya prohibido. Y me tienen lástima. Porque doy vueltas en un mismo sitio y bailo sin motivo, y cada noche garabateo versos muertos esperando encontrar en ellos algo, porque aunque hayan pasado tantas horas todavía tengo esperanza. Me quieren por eso, ven tu manera de ignorarme y también les duele.
A ellos también les duele.
Pero no me hagás caso, no tiene ningún sentido, si nos conocimos apenas hace escasos dos meses y un día, ves que me acuerdo, por eso me conocés tan poco y te imaginás cosas, a veces me pregunto como podés vos imaginarte cosas si no tenés ni un granito de inteligencia, no te ofendás, vos pasás diciéndome lo mismo, además no te creás el importante porque puedo perfectamente vivir sin vos, y bueno vos no podés hacerlo sin mi, o es al contrario… da lo mismo… sos tonto de nacimiento y no podés aceptarlo porque sos excesivamente orgulloso, sí Bobby, tenés esa molesta cualidad de estar diciéndome siempre que peleo como si tuviera cinco años, puede que los tenga, vos ni me conocés al fin y al cabo. Está bien, tenés razón, yo me esperaba todo esto, era bastante predecible. Pero no importa sabés…
No importa porque
Me caés bien y te guardo un enorme cariño
No has tenido que hacer nada para merecerlo
Porque te llamás Bobby Cárdenas y sos anaranjado igual que todas las culpas que hemos estado escondiendo no sé ni donde, no sé si en verdad las escondemos…
No sé si en verdad tenemos culpas o las culpas nos tienen escondidos a nosotros en esas noches frías.
Si todo eso tiene algo que ver con la tos que es tu cómplice y esta aquí siempre puntual, dos y treinta y siete, si todo eso tiene algo que ver con que ahora tengo frío y te miro preocupada, como si realmente tuviera algo de que preocuparme, como si de verdad pudieras oírme y obligarme a seguir aquí, y obligarme…
A tenerle miedo a tu voz que no existe, a caminar de lado a lado con un dolor en la rodilla que talvez ni siento, que talvez ni es mío pero lo merezco.
Como si de verdad pudieras oírme y creer todas las mentiras que te cuento, toda las historias que te invento. Como si fuera tu culpa ignorarme y volverme la cara cada vez que pido que me expliqués, que me acompañés todas las tardes aunque el gimnasio te aburra, aunque mis amigos no te hablen, aunque no te guste mi bolso verde de fresas que te compré hace mucho, que te hace ver tan único.
Pero no es cierto sabés, yo tengo sueño y hablo demasiado, yo sé que estás ahí atrás burlándote como yo, fingiendo como yo, observando como trato de aniquilar esta cuenta regresiva que yo me impuse con todas las ganas de perder, nada más que
Observando como te culpo de algo que en el fondo tengo más que asegurado, así igualito como a vos te gusta sacarme de quicio y reírte de mis fotos. Como te gusta ese estuche verde de fresas que llevás puesto, que hace que te veás más interesante y menos engreído, porque yo así lo quise, porque yo escogí a un Bobby Cárdenas por algo, entonces
No te preocupés, yo no quiero presionarte, pero estoy exagerando y hay noches que me gustan, porque tengo esperanza y una culpa anaranjada que no sé si es culpa o soy yo inventando. No te preocupés ni tratés estar en silencio, de observarme y tener voz como todos, como yo que hablo tanto y entiendo poco, que querés, tengo cinco años para vos, que no tenés ojos pero podés mirarme como a un insecto cuyo comportamiento puede ser peligroso.
No importa porque
No tiene ningún sentido
Si cuando después de doce horas
A las doce treinta y cinco
Me llamás y yo te escucho, me entregás mis dos palabras
Yo sonrío
Con la cuenta regresiva que me impuse
Con los versos (no están muertos) que forman una historia
Una de esas que no son mentira, yo sonrío Bobby.
Y las noches vienen solas, yo bailo como siempre, me burlo de tu espera, porque siempre lo supiste
Porque siempre lo supiste y yo no tuve paciencia, yo quise tener miedo y temblar bajo las sábanas, aunque hayás estado aquí todo el tiempo en la cuenta regresiva gritándome que espere, que baile y de vueltas en un mismo sitio, porque no tengo nada de que preocuparme, a las doce treinta y cinco hay una voz que es la culpable, que me dicta esto que escribo.
Una voz que nunca habla.
Que nunca habla pero me gusta,
Pero la escucho y le sonrío.

Siempre ayer

Al señor que me sonreía siempre

A veces me da vergüenza aceptar que todavía recuerdo ese día. Ya te lo había contado antes, para qué repetirlo.
Sí, sí. Ya sé que no leés nada nunca, si yo te explicara. Si yo te lo dijera, no te parece. Pero siento que no hace falta, que de alguna manera ya lo sabés en silencio. Ya lo sentís sin poderlo.
Lo que pasa es que yo no me acuerdo mucho de vos.
Yo no me acuerdo mucho de vos pero eras muy inteligente, entonces para que querés que te explique algo que de todas formas no querés saber. Decime para qué.
Decime porque no me acuerdo de vos. Ni de tus ideas revolucionarias, de esa confianza sospechosa, ese montaje subliminal. Porque no me acuerdo mucho de tu ternura, de tu personalidad oculta. De esa terrible actuación solo para demostrar algo que jamás. Que nunca pudo ser.
Pero creo que tenías los ojos más lindos del mundo. Sí. Un poco porque fue lo primero, un poco porque fue lo último y lo constante, supongo que alguna vez te lo dijeron, no sé si disimulé bien. No sé si los químicos y las fórmulas y las notas mal puestas no pudieron hacértelo ver.
A veces se me ocurre pensar que una vez me hablaste y que yo no te contesté. No vayás a creer que lo hice a propósito, es que a veces me pasa. Me dijiste que en las vacaciones, tu celular porque yo necesito, y yo no supe que hacer. Tenía quince años, entendeme un poquito. Vos con tus aires de grandeza y la sonrisa inexistente, el cambio inevitable, de verdad no era posible, a mi estas cosas no me pasan, andá a ver quien te cree. A mi no me toqués.
Después vinieron esos consejos delatores, esa cólera que no iba, ese silencio incómodo.
Pero aunque no te lo haya dicho, yo si te entendí.
Yo si pude llegar a leer entre líneas todos los versos disfrazados, el mensaje de las cinco, las preguntas de doble sentido. Y es que a donde estás, decime qué te hace falta, ya ves que te lo dije, te suplico que no hagás nada, dejame esto a mi, yo puedo solo, por favor, no hagás escándalos, dame tres meses y punto, dejémoslo aquí esta bien, es lo único que te pido, haceme el favor y ya no me grités.
Dame tres meses y punto.
Dámelos que yo te los cuido, yo te prometo que algún día, vas a ver que sí, es bueno que esto pase a pesar de todo, es una enorme ventaja, yo te entiendo, hacé lo que te de la gana, que seás muy feliz, espero que de verdad todo te salga bien. Espero que tu carrera y tus sonrisas, espero que siempre, que seás muy feliz, de verdad, te prometo que vas a estar bien.
Era curioso porque yo no esperé una conclusión nunca. Yo no esperé que fuera cierto, era lo más lógico, lo más normal. Que aparecieran las intenciones válidas y que te equivocaste, vos también te equivocaste, te saliste de tus principios, yo te entiendo, no te desesperés.
Y sí, a fin de cuentas sí. Me vas a hacer mucha falta.
Tu metáfora, tu inexistente sentido del humor. Tu necedad por malinterpretarlo todo, por tergiversar la realidad. Me va a hacer falta ese intento de autoridad, ese cuento inventado, esa mentira disfrazada que nadie entendió, ese tedio matutino, esas risas escondidas.
Yo sí te entendí sabés.
Yo sí entendí que aunque eras perfecto te equivocaste también.
Era lo más lógico, lo más normal.
Dame tres meses y lo voy a saber. Por favor es lo único que te pido, que no hagás escándalos, el mensaje de las cinco y ayer entonces, a mi estas cosas no me pasan, yo te los cuido esta bien, esta bien…
Esta bien que tenías los ojos más lindos del mundo. Esta bien que no me acuerdo mucho de vos. Esta bien quince años, que a veces se me ocurre pensar que te conozco pero entonces me acuerdo que me equivoqué.
Tenías los ojos más lindos del mundo. La voz triste, la sonrisa apagada, la autoestima por los suelos. La historia muerta, el paso corto, el rostro frío. Perdoname que recuerde ese día. Yo se que esto así no debería ser. Pero para qué repetir, decime un poco. Si yo te lo dijera…
Me vas a hacer falta aunque no te recuerde, aunque todos los días pasen tres meses.
Aunque después de todos los días no recuerde tres meses.
No vayás a creer que lo hice a propósito, es que a veces me pasa.
Me pasa que te conozco y que seás muy feliz, espero de verdad que todo te salga bien, es bueno que esto pase a pesar de todo.
Es muy bueno sabés.
Aunque me hagás falta y no te recuerde.
Aunque así todo esté perfectamente bien.

Argumento

Está bien. Te entiendo.
No hace ninguna explicación.
Yo traté de comunicarlo, y decirlo, y yo traté.
A veces vos lo intentaste también.
Y a veces decías cosas extrañas.
Yo te contestaba, que sí, que mejor no.
Que mejor no.
Porque entonces todo sería absurdo, yo te decía,
Vos me contestabas que no, que sí.
Y no hacía falta ninguna explicación.

Pero un día me dijiste, porqué.
Porque un día me dijiste.
Me dijiste.
Que todo sería absurdo.
Que mejor no.
Pero que pasa y sí.
Y sí, chiquita, que sería de vos.
Que haría yo.
Sin vos.
Me dijiste.
Que mejor no.

Yo entendí. Pero vos no.
Porque sería mejor pensar que algo sí.
Sería mejor, entonces, que todo sí.
A veces todo era absurdo.
Absurdo igual que vos.
Que yo.
Que si, pero no.
No, por favor, mejor no.

Está bien. Te entiendo.
Eso creo te dije.
Y me dijiste, porque un día me dijiste.
Qué pasa si lo absurdo intentara de explicarnos.
Los intentos.
Vos y yo.
Y si, chiquita, mejor que haría yo a veces.
Sí mejor.
Por favor.
Algo así quisiste decirme vos.

Nos hubiera encantado

Soy productora y hoy no tuve que acostarme temprano. Tengo diecisiete años pero no voy al colegio, porque no me dejan, porque creo que me olvidaron. Se lo cuento a usted porque es muy extraño, hoy no tuve que alistar mi bulto, ni hacerle punta a los lápices, ni limpiar mis zapatos. Es probable que usted no me entienda, pero es que es tan extraño, hay otras gentes usando mi ropa, mi silla, mi espacio, y ellos son otros y yo tan afuera, yo en una fotografía colgada en esa pared. Esa pared del recuerdo, donde la memoria nos clava silencios y yo tan lejos. Y ellos y yo que no. Porque tu mundo. Porque tu tiempo. Porque aquí ya no hay lugar para vos. Porque aquí mando yo.
Somos leyenda y nuestros nombres quedaron. Y seguimos allí en cada pupitre mal puesto, cada grito de gloria, y en tu risa y tu odio, en tu inteligente propuesta de cambio y la fotografía que les duele, donde a veces se preguntan y lo saben, donde yo y también ustedes. Donde la historia y las heridas. Donde somos leyenda porque curiosamente. Porque así lo quisieron ustedes.
Y es que hace poco me entregaron mi informe de notas y la lista de útiles no la adjuntaron. Después me dieron un titulo y un abrazo y hasta luego, mucha suerte, chiquita, que te vaya bien. Aquí no volvás, haceme el favor. Y yo creo que me olvidaron. Aunque es probable que yo no lo entienda, que no me percate. Y que matriculás el martes, nueve y veinte, y volá porque por favor, porque vos. Y entonces de nuevo la nostalgia, la absurda negación y no poder aceptar que no, no sos bienvenida, andate mejor, seguí buscando tu futuro. Seguí caminando hacia el Oscar y los aplausos. Hacia la inmortalidad que querés, que dejaste impresa en las puertas, en los salones y los pasos.
Vos y tu sarta de repugnantes, ejército de burlistas, cómo los extraño, mocosos insoportables, montón de orgullosos chiquitos malcriados. Tenés que volver, tenés que devolvernos tu altanería, tu risa en estéreo, tu egoísmo, tus insultos, tu inaceptable rechazo. Tenés que entrar sonriendo como antes y decir mierda, la tarea, tengo sueño, estoy harto. Y restregarnos en la cara tus merecidos votos, tus ideas ejemplares, que ganaste, que es tu triunfo y aquí te quedás. Para siempre. En el sueño que creamos.
Y es que lo hicimos. Se lo cuento solo a usted porque es muy extraño. Porque se llevaron mi mesa y mi voz del escenario, porque mi nombre ya no está en las listas, y no seás necia, quedate vos con tu carrera, vos con tu insolencia universitaria. Vos sola con tu gente. Sola caminando y adiós, sola con las cámaras y el público y tu historia honorable, tu lugar en el mundo.
No entendés chiquita que hoy no tenés que dormir temprano, y que tus papás no te compraron los uniformes que te quedaste esperando. Porque no, no los necesito. Usted talvez no lo entienda pero yo soy grande, y el martes y el tres de marzo. El Oscar y los aplausos. Porque la fotografía y la pared y hasta luego nenita, que no te compraron los cuadernos y vos esperando.
Hasta siempre porque mañana. Porque hoy. Porque no van a volver a despertarme a las seis. Porque nunca más. Porque se acabó. Porque soy productora y tengo diecisiete años.
(Nos hubiera encantado quedarnos)
No me jodás, la fotografía está hablando.

Ya ves

A mi también me duele.

Anoche te mentí

Tenía muchas ganas de tener frío.
Era el tedio y la dicha de saber que había algo que no encajaba, algo que siempre estuvo y que hacía el papel de villano. Yo me di cuenta porque vos me lo dijiste, tenías esa molesta característica de no entender nada nunca, pero yo no me lo imaginaba de esa manera, no hoy, por lo menos no siempre, entendés, tenía que haber algo allá muy en el fondo. Que nos mantuviera aquí sentados en silencio todavía.
Y es que el problema era más que todo ese, el silencio. Yo quería reírme un poco y decir que está bien, que no importaba. Pero había silencio y entonces se venía la noche y los grillos y siempre el café.
A vos, por supuesto, te gustaba.
Te gustaba esa idea de imperfección, de vacío oportuno y entonces yo no podía luchar contra el tiempo, yo tenía que callarme y así a veces, nada nunca, pedazos de recuerdos incrustados en todo lo que no cabía ya. Todo lo que no tenía espacio porque vos lo habías decidido sin consultarme.
Yo te quería mucho sabés. Así como cuando se miente.
A veces había un poco de remordimiento y la angustia y el miedo. No había de que preocuparse. Ni una sola sospecha porque Nina el plan, acordate de las reglas y los abrazos. Que no se te olvide la píldora y el vino. Acordate Nina… Esta vez no me vayás a fallar.
Raúl tampoco quería que las cosas fueran tan monótonas. A él le gustaban los desafíos y siempre luchó por alcanzar algo que quien sabe, que talvez no era ni suyo.
Daba igual entonces, Raúl era un simple objeto decorativo que daba órdenes y a veces opinaba, el lo creía de esa manera, nada entretenido, una lástima.
Aunque a mi me gustaba el ambiente, esa manera de engaño inocente y maligno.
Si alguna vez te diste cuenta nunca aprendí a cocinar y no te lo dije. Era un poco porque el juego y las reglas. Vos eras muy bueno, el periódico a las seis, los helados de menta, la sonrisa oportuna. Tenías dudosas intenciones y eso se te notaba en los versos. Pero siempre había una excusa y Nina vos siempre así, dejate de inventos, andá regalame una sonrisa, que no se te vaya a olvidar Raúl.
Que no se te vaya a olvidar Raúl.
Ni el plan en caso de emergencia. Ni los cigarros de canela ni el silencio. Ni toda esa distancia notoria que tuvo la culpa, eso fue sabés, fue el abismo y no tu estúpida decisión de sonreír un poco porque lo pedís, un poco porque los aplausos y las píldoras.
Acordate Nina del cariño, de las risas escondidas y las lágrimas que a veces, que no hablemos de eso.
Daba igual sabés.
Daba igual cual fuera el problema o el villano o el engaño mal disfrazado. Porque cuando llegaba la noche siempre encontraba ese motivo, esa razón de estar aquí con el miedo y el vino. Con la máscara podrida y un absurdo buenas noches, que durmás bien.
Yo quería ser ahora el objeto decorativo y entender lo que decías, yo quería conocer a Raúl y talvez burlarme. Talvez creerle acerca de su irónico frío.
Talvez creerle que me engañaba.
Talvez creerle que yo era el otro.
Porque si alguna vez te diste cuenta nunca aprendí a cocinar y no te lo dije.
Yo tampoco te lo dije.
Yo también tenía muchas ganas de tener frío.

Talvez

Talvez... talvez en unos años nos volvamos a encontrar.
Yo, con el rostro frío y el nombre en alto.
Vos, con la certeza de estar en lo correcto.

Carta al asesino



El tiempo nunca fue tu mejor amigo.
(Fue un minuto, una tarde, varios meses,
Siete años. Después de tanto, veinte años.)

Venías cantando ciegamente inaugurando un vestuario,
Erguida, con la dulce y sucia mueca del odio.
Se supone que era un martes de abril,
Era un gran pasatiempo vomitar balas los martes.

Caminaste hacia la costa y sentiste miedo,
De la luna, de la vida, de tu rostro,
Y corriste, te fuiste, hacia tu cerro favorito,
Que aún no he logrado descubrir.

Dijiste, que al fin y al cabo este no era tu mundo,
Ni el mejor escondite. Ni nada.
Y te oí gritar, como quien lee,
La ultima palabra de la novela de mil páginas.
Después llegó un grillo y cantó hasta noviembre.
Y nunca más volví a ver los gatos.

Acabaste por vivir en un pueblo de Saturno,
Más oscuro que tus ojos, mas lejano que tu adiós.
Y de pronto empezaste a sentirle miedo a las tinieblas,
Al llanto, al dolor.

El tiempo nunca fue tu mejor amigo,
Y ahora vivís con el, como parte de tu sangre,
Y sorpresivamente, de tu corazón.

Murallas

Siempre tuve la impresión de que no era nadie.
Tenía la voz como estrellas,
Y una mirada confusa.

Nunca dijo su nombre,
Porque creo que no lo recordaba.
Pero hablaba en italiano,
Y entendía más de números que de humanos.

Andaba con paso corto y algo apurado,
Como si quisiera escapar de su sombra.
Me miraba de reojo,
Para que yo no le viese la máscara,
De vez en cuando fingía una mueca,
Al mismo tiempo que escupía saña.

Yo nunca le dije nada.
Porque no entendía una palabra de algo,
Y el no sabía decir ni una palabra.
Pero reía con mi risa,
Y a veces hablaba con mi espalda.

En tiempo de auxilio era coherente,
Cuando la indiferencia acechaba,
Y yo, que nunca le dije nada,
Lo miraba de reojo,
Para que el no me viese la sonrisa,
Y no hablara con mi espalda.

Siempre tuve la impresión de que era alguien,
Aunque lo vi escribir mi risa,
Transformando números en palabras.
Entonces, empezó a andar con paso corto,
Y a fingir muecas escupiendo saña.
Y me habló, talvez algo en italiano.
Pero nunca me dijo nada.

Y después

A Mimi,
que siempre le pasan cosas así

Son las tres de la mañana.
Un aroma a soledad le susurra olvido a la begonia.
Los pasos de los que fueron,
Dejaron la sombra perdida en el agua.
El eco del silencio asusta a los transeúntes,
Que no tienen culpa de nada.

La noche se cuela en las cobijas,
Y carcome las cortinas y la cama.

-¿Qué pasó?- dice el destino con ojos de burla,
Mientras escupe indecencias en la mugre de ciudad.
Se escucha de pronto, un llanto como de plástico,
Y nadie le contestó.

Neblina infectada de sangre,
Un niño bajo un farol
Espuma que alberga asquerosos secretos
Vida bajo luces con botellas extranjeras,
Con venas explosivas que matarán a dios
Rostros envueltos en rayos ultravioleta
Música de antaño
Carcajadas del que todavía puede sonreír.
Sentimientos que no hablan,
Bocas que no sienten
Constante eco de creciente manipulación.

Humo contratado para ocultar la barbarie.
Esperanza escondida en melodías
Palabras que no calzan
Preguntas incoherentes,
Y talvez alguien que todavía es
Y talvez alguien
¿Y talvez quien?

Son las tres de la mañana.
Un aroma a muerte le susurra fama a los claveles.
Se escuchan disparos al lado del horizonte.
-¿Quién sos?- dice un payaso de brazo metálico.
Los pasos de los que fueron,
Dejaron la sombra perdida en el agua.
Se escucha de pronto, un grito como de infierno,
Y nadie le contestó.

Extranjero

“What if God was one of us?
Just a slob like one of us
Just a stranger on the bus
Trying to make his way home”

Se levantó pensando en querer ser así.
Fue a buscar algo que pareciera sucio,
Para no llamar demasiado la atención.
Gritó hacia adentro sin la simple fuerza,
Con deseos de esfumar la duda
Y puso una palabra en la atmósfera,
Como quien junta el blanco y el azul.

Esperó a que fuera una hora adecuada,
Mientras tanto mantuvo una conversación con el sol,
No sé, supongo algo de política.
O talvez fútbol.

Hubo ciertas cosas, de naturaleza incierta,
Que no estaban acorde con los planes para hoy.
Se dirigió a la mugre de una pared,
Para olvidar de pronto que podía escuchar.
No es tan fácil echarlo todo a perder.

Caminó varios pasos.
Jactándose de la sabiduría de siempre,
En todas partes un pedazo de lo que fue,
Rostros asombrosamente conocidos,
Vidas tan calladas como para poder callar,
Indiferencia plasmada en libros de texto.

Se divertía sintiendo el aire contaminado,
Y las luces del farol.

Sonreía, porque no quedaba de otra,
Sangre suya en cada átomo,
El mundo de un poeta,
Tan magníficamente construido,
Para no llamar demasiado la atención.

Sonrió de nuevo.
Disimulando su modestia de director
Engrandecía la tarde escuchando su nombre,
¿Y quien soy yo?
Dio una orden silenciosa al destino,
Quizás, no dejando evidencia.
Y repitió una vez más,
Lo que dicen todos,
Y lo que fue y no.

Quitó el pie de la atmósfera,
Y robó algunos sueños.
No son iguales las cosas desde el tiempo,
Y con un suspiro de cansancio,
Se vistió parecido a un ave virgen,
Pero esa vez no durmió.

¿Y que es el amor?
El mundo ficticio de un poeta.
Gracias a Dios.

Minutos de todo

Te sentaste en una esquina con un olor a pecado,
Ni vos ni la luna sabían nada de lo ocurrido.
Porque talvez tu boca escondía mas de lo que pensabas.

Era una noche común, de dos o más minutos,
Donde los secretos corrían como niño de patio.

Fueron unas horas de angustia,
De tiempo congelado con aroma a destino,
Miradas que se golpeaban de lado a lado,
Penumbra que las espantaba a tientas,
Como quien no quiere ser visto por la propia verdad.

Aquella luz un poco molesta que acechaba cada ojo,
Una mentira muy bien fabricada, con alas de nadie,
Nadie que tenía todo lo que vos imaginabas,
Hombre del ayer, de facciones perfectas,
De mirada apagada, de historia podrida,
Que vos no podes olvidar.

Ideas danzando con un ritmo insoportable,
Humanidad frustrada que ahogaba oxígeno,
Que ahogaba sangre,
Que ahogaba…
Pero vos…
Vos no podés olvidar.

Las figuras absurdas diciendo tu nombre,
El pasado en la borda,
Con rostro de llanto, y lágrima entera.
Y vos con tu pecado y tu risa comprada,
Y unos cuantos deseos que nadie adivinó.

Y talvez todo esto no estuvo allí nunca,
Porque el sueño va mas allá de la lucha propia,
Y los años borran cada partícula equivocada,
Pero la venganza no cabe dentro de tanta imaginación.

Y al final de la tanda el humo de cigarro apagó todo,
Como un sueño dormido de carne propia,
De luna barata y estrellas pintadas,
De noche caída y palabras enteras,
Donde nadie nunca se sintió.

Punto y aparte

A Kiki,
que me regaló todo un año

Un vulgar chisme resuena en el patio,
Una dulce palabra que escupe un retrato,
Seremos a partir de hoy una página en blanco,
Una millonaria muestra de valentía,
De coraje adquirido a fuerza de voluntad,
Como quien a duras penas abre los ojos
Y no los intenta cerrar más.

Yo seguiré caminando como guirnalda de carnaval,
Comprando sueños en cada rincón de ausencia,
Buscando esperanza donde no la hay,
Sumando recuerdos en papeles frágiles,
Con el impactante gesto de la vida,
Sin lágrima en ojo que opaque el destino.

Vos tomarás un lecho vacío,
Inventándote historias de crimen cada mañana
Para dar a fin de cuentas con el mundo perfecto
Y ahí te vas a quedar.

Seguirás siendo el mismo chiquillo de siempre
Y yo… yo talvez creceré un poco más.
Y cada noche me vas a encontrar
Pidiendo limosnas en la sombra
Con cara de angustia barata
Y un cuchillo en la mano.
Y entonces, preferirás dejar de olvidar.

Al salir el sol yo me haré a un lado y vos me dejarás pasar.
Y continuaré caminando como juego de pólvora,
Con rostro de asombro a cada momento.
Y seguiré siendo la misma chiquilla de siempre,
Y vos… vos talvez crecerás.

Y seguiremos tapándonos los ojos de quien sabe que,
(Vos te vas a hacer a un lado, yo te dejaré pasar.)
Porque en tiempos de espera nos daremos la vuelta,
Como quien retrocede por un instante,
Y siempre sonreiremos con el quemante ademán de alegría,
Y entonces, nunca más intentaremos olvidar.

Frío primaveral

Al Conde de la Roche

A veces, el sol se duerme con la brisa falsa.
A veces.

A veces, porque el tiempo es siempre homogéneo.
Como una dulce mueca delicadamente hecha,
Como una sonrisa tan común.
Como todo lo que se esconde y no se busca.

La persona tan ausente que se nombra,
Un lejano invento que produce cosquillas,
Un perfume a rosa seca que mira desde la sombra.
A veces, aparece en la pantalla,
Y ya no se que pasó.

Con un paso victorioso y un aroma a orgullo,
Nadie tuerce el panorama.
Un color a cielo quemado,
De tarde en tarde una mirada perdida,
Que no sabe donde reposar.

Un paso pronunciado y una mirada perdida,
Una promesa que se quedó dormida,
A veces, una palabra confusa.
A veces.

Como el más tierno destello verde del universo,
Como el más absurdo cuento.
Como el perfume a rosa seca y a palabra perdida.
A veces lo escucho.
Como un paso victorioso de coquetería aislada.
Como si yo tuviera algo que ver.

A veces te veo.
Como el más absurdo invento.
Como si yo tuviera algo que ver.

Cuando hay que decir adiós

Por última vez (Ahora y siempre)
Camino, (Y aquí estás vos conmigo)
Así triste
Así sola
Así débil
Así fría
Con el adiós en la mano,
Este silencio… (Y una palabra)
Este recuerdo infinito
En la historia.
Por última vez, con todo,
Y nada.

Vos y yo
Y nosotros
Los lápices, los cuadernos rayados,
El pupitre vacío
La lágrima que escondo
El pasado, esos días,
Cuando cada nostalgia hacía reír,
Cada entrega,
Y ustedes… los míos.
Cuando el tiempo
Era tiempo
Y no un final.

Todo se acaba, sí, se acaba,
Así sencillo, como si fuera fácil
Tirarle al pasado el presente,
Sentarse de brazos cruzados (Dejarlo todo)
Y reír, una vez más,
Como cuando antes, todo parecía infinito,
Fácil, ese estuche de excusas,
La lejanía notoria,
Y el hecho de que te vas,
Vos, yo, nosotros
En nuestra época perfecta
Nuestro amargo destino.

Como si fuera fácil
(Antes que dormíamos)
Cuando ahora yo, por última vez
Así triste
Así sola
Así débil
Así fría
Digo adiós con la mano,
A ustedes mis héroes.
Ustedes los míos.

En vano

Los días dejaron de ser noches
Para ser algo más que horas,
Horas y minutos.
Daños, horas.

La casa seguía siendo la misma:
Un sillón manchado de grasa,
Una puerta de hierro sin propia seguridad,
El retrato de la abuela con su mirada fulminante,
Y yo.

De vez en cuando recordaba mi nombre con odio absurdo,
Como cuando tomábamos café en días calurosos,
Y llorábamos de miedo a la luz de las velas.
Con el sonido del silencio.
El frecuente silencio.

Me llenaba cada día la cabeza con matemáticas hasta comprenderlo,
Hasta que la tarde se despidiera sin decir adiós,
Yo seguía en ese entonces de pie,
Con las noches vagas a cuestas y el tiempo intranquilo.
Con el café podrido en la nuca y el regazo cansado,
Fingiendo no ser un simple recuerdo,
Una farsa de pies a cabeza.
Un tercermundista escalando montes helados,
Devorando economía y puentes colgantes,
Con la casa cada vez mas estrecha y sofocante,
Y la memoria a la orilla de la cama,
Impresa en mi revista favorita,
En el periódico de la mañana,
En los rostros de la gente,
En el maldito tiempo que no quiere jubilarse.
Sin antes dedicarse a asesinar.

La casa seguía siendo la misma:
Un sillón manchado de grasa,
Una puerta de hierro sin propia seguridad,
El retrato de la abuela con su mirada fulminante,
Y vos.

Contrarios

Hay quienes podrían llamarlo infierno.
Sin embargo, que mas da.
Un ciclo de gloria, una lluvia ausente,
Un problema inconcluso, un grito de auxilio,
Y a veces la luna sale, a veces el sol no,
Que mas da, las obligaciones dejaron de ser algo,
El algo dejó de ser tiempo,
El tiempo dejó de ser yo.

(Las palabras vienen siendo hace mucho,
La barrera que dejaron los instintos,
La lucha propia que se cuela en los momentos,
Y el instinto tenaz de un no.)

Afuera, nimia diferencia entre todo lo que viene,
Afuera caen truenos en una sola herida.
Y todos siguen a la misma mentira,
Todos ellos vestidos de ángeles promiscuos
Como discípulos de la envidia,
Aquellos que acallaron el llanto de sus antepasados,
Y están aquí para perder una vez más.

(Las batallas ancestrales que hablan con los libros,
Enseñan entre versos a morir con un silencio.)

Adentro, cada vez más nube con certeza,
La réplica del mundo perfecto,
Contrarios iguales que los separa un rayo de dos.

Y nadie calla al vendedor de gasolina
(A los locos de la secta falsa)
Que me enferma con tanta trama,
(Cartas sin destinatario que caen al mar como buitres)
Con tanto dibujo negro.
(Libros podridos de historia)
Con su voz y su mirada.
(Con su canto y su dolor)
Aunque no le pueda hablar.
(Como los días del pasado)
Con su voz y su mirada,
(Con su canto y su dolor)
Su negocio y su oferta,
(La mirada dulce y clara)
Aunque él mismo sea yo.

Pero

Manuel siempre fue esa pieza perdida del rompecabezas. Incapaz de articular oraciones de más de cinco palabras y leer entre versos. Insignificante si se trataba de dirigir miradas rápidas, engreído a su manera, nunca obtuvo ese don de disimular, callaba cuando no, sin característica que valiera la pena, sin el más mínimo destello de agudeza, sin el sol y la luna, pero yo lo quería.

Queríamos

Estaba segura. Eso tenía que haber sido. Mocosa impertinente, como se atreve, si yo, si todo lo que he hecho, alguien que me explique esto… Chamaca despreciable, porque a mí, porque… a vos.
En el fondo era terriblemente absurdo. Yo lo sentía así, era la adrenalina del momento, discúlpame, dije, y se fue como siempre, diciendo algo con sonidos, mocosa impertinente…
Pero qué más da si todo era así, absolutamente lineal. Lo entendíamos. A veces se le ocurría mirarme, y se equivocaba (estoy segura) porque me sonreía, para que yo quitara la mirada y tocan la puerta, tengo que irme, andá a ver que te van a hacer. Nadie te tiene. Indiscreto, dejame en paz, como se te ocurre.
Sí. A veces era terriblemente gracioso, un juego vacío, una erupción de palabras. Yo te juro que intentábamos formar algo, a ver que nos salía. Porque algo debía existir muy dentro, algo dentro que saliera y nos explicara por qué todo esto, que hice mal, decime que te hice yo. Que me hiciste vos.
Así, a veces me vestía diferente y estaba segura de haber hecho bien. Vos me quitabas la cara porque nena no podés hacerme esto, mirá quien llego, te toca, descarada…
Se iba siempre. Después de llorar un poco y decir la verdad. Mentía, lo sé. Mentía siempre mientras tomaba agua sucia. Me decía que mi culpa, que yo siempre, que aquel tipo infeliz, me decía toda la verdad. Y lloraba sin lágrimas, se iba siempre. Se iba con todo. En el fondo mentía diciendo verdades. Con todo.
Nuestra parodia ficticia, nuestras caricias sin manos. Me abrazaste muchas veces. Pero yo no te dejé, hipócrita, como se atreve.
Nuestra comedia sin risa. Repleta de reglas que todo lo permitían, que nos enseñaron siempre a decir adiós. A retar al destino con un rechazo. Con agua sucia y verbos.
Me iba siempre. Después de reír un rato y aprender a callar. Él lo supo, porque a veces se le ocurría mirarme, porque quería, lo hacía porque lo sentía, eso tenía que haber sido.
Como se te ocurre descarado, discúlpame si los sonidos, si las sonrisas. Andá a ver que te van a hacer con esa seguridad. Con la mentira de siempre. Con mi culpa que es tuya, que no te dejé nunca.
Y algo debía de existir muy dentro. Algo entre verdad de rechazo absoluto y abrazos. Yo creo que lo sentí. Jugué por eso. Porque era necesario.
Nos íbamos siempre, y dejábamos la hoja en blanco.

Ayer fue mañana

Y sin que supieras somos familia,
Una especie de alguien múltiple,
Que se quiso venir a acabar.

Pero no es tu culpa. Ni la mía,
Y solo debemos gritar un día más.

Ya vas a ver que todo quedará tan absurdo,
Tan simple que no se va a notar.

Y algún día seremos sonrisa,
Y nadie jamás nos va a separar.

La diferencia

El tiempo -que poco a poco se desvanecía- envolvió su radio en una sábana.
Quien sabe porqué.
Todos somos tan distintos.

La culpa de nadie es el miedo

Los días así, me dan miedo.
Si, vos que vas a estar entendiendo, no fue mi culpa,
¿Sabés? Era muy tarde, y no recuerdo.
Yo solo entré, así de noche, botella en mano,
Había gente, había…
Ojos.
Ellos no quisieron verme, ¿Hablé?
Tenía miedo, vos no entendés, fue mi culpa.
Y abrí el silencio. ¿Interrumpo?
Interrumpo, y quiero hacerlo.

Buenas noches,
No había nadie, no te miento,
Estaba muy oscuro y la noche
Y todo eso, se parecían a vos cuando,
Cuando… no recuerdo.
Entonces tuve miedo, los días así,
Y fue mi culpa entendés.
Cambié el destino.
Y quiero hacerlo.

¿Interrumpo?
No, es necesario que te tomés tu tiempo.
Y a veces yo… tengo culpa.
Y miedo.